Una aventura nueva
Con frecuencia se suele escuchar a pie de calle la expresión ‘aquí te cojo y aquí te mato’. Hoy la hago mía, y más allá de matar, me permito el lujo de rematar con este comentario una de las mayores y mejores faenas: la ronda solar del trigésimo séptimo aniversario de la fundación del grupo scout San Miguel de la capital palentina. Además, quiero hacer este remate al estilo de un descubridor del Nuevo Mundo, de las Américas, como Hernán Cortés o Francisco Pizarro, con una arriesgada y sorprendente actuación exploradora y conquistadora, la que está realizando este movimiento juvenil durante esta segunda quincena del mes de julio para llenar el verano de calidad en el bello escenario de la localidad de Prioro.
Y me parece importante, y hasta cierto punto interesante, culminar con brillantez esta batalla americana -marco del campamento scout- que están librando en esta zona leonesa cargada de belleza los muchachos de este movimiento, conocido de todos en nuestra tierra. Después, eso sí, de un largo período de preparación, de todo un curso, con sus dificultades y problemas. Porque a lo largo de la ronda solar, los jóvenes conquistadores del pañuelo y la flor de lis han rendido a un buen nivel, han desarrollado una serie de actividades conmemorativas, culturales y lúdicas cargadas sin duda de un profundo significado para un montón de simpatizantes o amigos del escultismo.
La expedición, formada por las diferentes unidades -castores, lobatos, troperos, escultas y rovers- y capitaneada por sus jefes, ascendió a la montaña de la provincia vecina, donde tiene instalado el campamento, base de todas las posibles operaciones y misiones que se pretenden llevar a cabo en esta acampada. Una expedición que cuenta con muchos años de existencia y, por tanto, de experiencia, y que hasta el presente goza de bastante salud. Y porque todavía disfruta de salud y vitalidad, partió un año más con las tiendas bien reparadas y la mochila cargada de entusiasmo, de coraje y de valor, con el sencillo objetivo de conseguir una aventura nueva y de poner las cosas en su sitio, con el fin de dejar este mundo un poco mejor de lo que en estos momentos se encuentra.
Claro está que este objetivo -a nadie se le oculta- conlleva decir no al desmadre y a la basura, a la dependencia de los bajos instintos y al atractivo de lo fácil y cómodo. Exige revestirse de la fortaleza que «desafía en combate hasta el más poderoso destino», en palabras del escritor austriaco Stefan Zweig. Y se me antoja pensar que únicamente aquél que se atreve a inyectar en las venas del espíritu esta sangre puede transformarse en un ejemplo capaz de arrastrar hacia la cima de la prueba más competitiva, donde se alcanzan los mayores premios y se conquistan los grandes trofeos. Al igual que lo están realizando otros muchos chavales en otros marcos distintos y en otros parajes naturales.
El verano, ese tiempo de asueto por excelencia, es el que está propiciando los campamentos escolares, parroquiales y juveniles en general, que para los scouts siguen siendo las viejas propuestas educativas del ‘boyscultismo’. Las acampadas tratan de aunar enseñanza con distracción, poniendo al niño, al adolescente o al joven, en contacto con la más sabia de las maestras -como dirían los ilustrados-, la naturaleza, haciéndoles disfrutar de su belleza y de sus posibilidades de ocio. El éxito de estas iniciativas es bien patente por la experiencia a nivel de convivencia que supone para el menor, fuera además del ámbito familiar.
Ciertamente, sin ilusión, la vida no tiene sentido. Quitarla es como eliminar el sol del universo. La ilusión es la estrella polar que orienta nuestros pasos. La que, una vez más, guiará la de los jóvenes exploradores de San Miguel en su proceso de personalización. Un proceso que está en juego y que no se interrumpe tampoco en verano.
Fuente/nortecastilla.es/