E n las paredes de la Moncloa de Aznar dominaba la decoración de flor de lis

E n las paredes de la Moncloa de Aznar dominaba la decoración de flor de lis. Con Zapatero el mobiliario incorporó un toque zen, apropiado para la meditación budista y las reflexiones sobre la futilidad de la vida.

Dos horas largas en unos sofás de formas rectas y sobre una alfombra de cuerdas trenzadas también debieran haber creado un ambiente adecuado para que Zapatero y Feijoo reflexionasen sobre la futilidad de los plazos fijados en acuerdos institucionales, aunque no lo hicieron.
Al contrario, ambos se felicitaron por su mutua disposición a suscribir un pacto entre Gobierno y Xunta para nuevos plazos en las obras del AVE.

Ese acuerdo retrotraerá a Galicia a la época del convenio suscrito entre González y Fraga para concluir a mediados de los noventa las autovías con la Meseta. Quien tuviese por entonces uso de razón recordará que Fomento incumplió aquellas previsiones. Las autovías firmadas por González se concluyeron no ya cuando Aznar había redecorado con motivos de flor de lis la Moncloa, sino cuando gobernaba con la altivez de los reyes medievales en su segundo y último mandato.

La historia de incumplimientos o de tomaduras de pelo de Madrid con los plazos de las grandes infraestructuras en Galicia convierte las previsiones de ejecución que incorpore el pacto institucional de Zapatero y Feijoo en papel mojado hasta que se demuestre lo contrario. Fueron papel mojado los plazos de las autovías, pero también los acuerdos sobre el AVE del Consejo de Ministros de A Coruña tras el Prestige, las resoluciones aprobadas por el Congreso, las del Parlamento gallego y, obviamente, las declaraciones oficiales o las arengas mitineras.

Galicia llegó con retraso a las autovías y será una de los últimos territorios a los que llegue la alta velocidad. A pesar de la presencia de un gallego en Fomento, la experiencia recomienda tomarse con escepticismo zen los buenos propósitos de los acuerdos institucionales para no sufrir de frustración. Ya decía Buda que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

Ceder a la resignación ante la evidencia del retraso acumulado en las obras ferroviarias tiene como contrapartida sumar unos cuantos años más a esa fecha imposible del 2012. Sin embargo, el encuentro de ayer en la Moncloa ratificó que Galicia tiene otro frente ante el que no cabe la resignación, sino la trinchera. Zapatero no encuentra otra salida política para mantenerse en el poder que ceder al PSC y a Esquerra unos privilegios en la financiación autonómica de Cataluña que rompen con el equilibrio del Estado, diga lo que diga un Tribunal Constitucional hecho a medida de las mayorías parlamentarias.

La inauguración de una gran infraestructura puede esperar, pero un sistema de financiación injusto, que da menos a los más pobres, dejaría a Galicia por no se sabe cuántos lustros desarmada y sin medios para combatir los desafíos de la sanidad, la dependencia o la educación

Fuente de la noticia/lavozdegalicia.es

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